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La timidez…

Desperté en la mañana, rebuscando en el baúl de las cosas perdidas.
Miro, miro y pienso que quizá no se hayan perdido, tan solo se han teñido con la pátina del olvido.
Mientras le echo un pulso al tiempo, la luz inunda mi habitación y recuerdo que cuando yo era niña, era tímida, demasiado tímida.
Entonces construí a mi alrededor otra imagen. La imagen de una persona para la que los retos sólo eran nuevos obstáculos a saltar, los problemas tropiezos a resolver y y todo ello con lo que llamamos «una cara impresionante».
Les engañé. Engañé a todos los que me rodeaban y les hice creer, que cuando me sonrojaba era de complacencia y que las miradas de la gente era el alimento que necesitaba mi ego.
Lejos de la realidad. Porque si, por casualidad, llamaba la atención por algo, en mi interior la timidez me agobiaba, aunque el exterior aguantara el reto.
mascara3Llegó un tiempo en que mi disfraz se convirtió en una segunda piel y ya no supe reconocer a la niña tímida que seguía viviendo en mí. De tal manera que cuando alguien me conoce y ve más allá de esa otra imagen y descubre la timidez acurrucada en un rinconcito, me niego a mí misma. Pero al hacerlo,  noto una nota discordante que chirría dentro de mi cabeza.
¿Quien es tímido? Yo no lo soy.
Me piden que presente un libro. Y ahí empieza el reto. ¿Seré capaz? Tengo que serlo, ellos no lo saben.
Cuando me enfrento a muchas caras que me miran,  la nota discordante vuelve a chirriar en mi cabeza y ya no puedo negarme. Porque la timidez, sigue estando ahí y me lo recuerda ya que es una parte de mí misma, que a estas alturas de mi vida ni quiero, ni puedo borrar.
Mis pensamientos se enlazan con la mañana en la que rebuscaba en el baúl de de las cosas perdidas y me recuerdo como la niña tímida que fui, que soy y que seguiré siendo.
De nada sirven las máscaras ni las imágenes que puedas crear de ti a lo largo de tu vida. Sólo están teñidas con la pátina del olvido. Ese yo tuyo profundo y auténtico surgirá para recordarte que lo mejor de ti mismo reside en esa autenticidad.
«Sé tu mismo. Todos los demás, ya están ocupados» Oscar Wilde

 

Me has dicho…

… eres un cielo…
Yo he levantado la cabeza y me he tropezado con tu sonrisa.
Te he preguntado, por qué?
Y me has respondido… Porque estás aquí, porque eres tú, porque si no existieras, te inventaría, porque nadie me ha mirado como tú, porque cuando cuando te conocí desee que se pararan las agujas del reloj, porque me has hecho entender que puedo vivir sin ti, pero que…
… vivir contigo es mejor.
hielo
La voz se te ha quebrado igual que cuando golpea el hielo contra el cristal.
Me he levantado, me he acercado hacia ti y el café, que aún humeaba sobre la mesa, se ha quedado frío.
 
Será porque es viernes…?
O será porque todo esto no es un sueño?