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EL SILENCIO…

Sentada en la terraza, algunas tardes, veo el sol ponerse sobre el mar. La luz amarillo rojiza tropieza  y se rompe en mil pequeños espejos que caen en una lluvia brillante.
Es en ese momento cuando la serenidad parece un traje hecho a mi medida. Cuando desearía que el tiempo se parara en aquel segundo y yo hacerme una casa en él. No hay nada que turbe la paz de la tarde.
Solos el sol que se aleja, la paz y yo.
añoranza
Pero de repente, un click en mi cabeza me despierta del sueño en el segundo y noto una ausencia.
Y me pregunto… porqué el sol es menos luminoso y mi paz es menos placentera.
¿Por qué?
Y entonces llega tu recuerdo. Y necesito darte un nombre para hacerte real. Y necesito nombrarte para que formes parte de mi sueño. Pero tú ya eres real. Y es esa realidad la que me hace perder la calma.
Tú realidad, no la mía. Tu silencio, no el mío. Mi silencio es sereno, acogedor.
No hay olvido, tan solo cerrar todos los sentidos y disfrutar de una presencia lejana que se refuerza con esos sonidos del silencio.
En el silencio se recrean tus palabras, tus gestos, y en ese aparente vacío, se tejen todavía más los lazos invisibles que nos unen.
Tu silencio crea fantasmas de olvido, de ausencia.
Yo vivo en mi silencio que también es el tuyo, pero… ¿vivo yo en tu silencio?
 

Hoy me permitiré…

… un punto de tristeza.

Me miras intrigado, sé que piensas que permitirse algo de tristeza no es placentero, pero… ¿me entiendes tú acaso?

Alguien me dijo un día,… tú debes ser siempre feliz.

Le pregunté: ¿por qué piensas eso…?

Y me contestó: Porque siempre sonríes.

Le contesté con la misma arma que él utilizó, le sonreí.

sonirsa

¿Sabe el que te mira lo que, algunas veces, tienes que pagar por una sonrisa?

No, no lo sabe. Pero tú si que sabes el dolor que te cuesta sonreír. Cuando has perdido a una de las personas a la que más querías y te fuerzas para regalar una sonrisa porque piensas que los demás ya tienen sus propias penas.

Por eso hoy quiero darme ese minuto en el que dejaré mi eterna sonrisa.

Pero no temáis porque lo haré en el silencio de mi habitación, cuando ya la luz le haya dejado sitio a la oscuridad, cuando los sueños de los otros no se contaminen con mi tristeza, cuando solo yo sienta ese minuto que me inunda con una sensación de pérdida, cuando el tiempo barra mis recuerdos y todo lo que fue se convierta en pasado.

Después de la catarsis, recuperaré la sonrisa que quedó colgada del perchero, me la pondré,  saldré de nuevo y la repartiré como la botella de leche, el periódico o el correo y volveré a oír:

Tú debes ser siempre feliz…

Quizá no sepan que tengo la habilidad de sonreír pese a todo…