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No hay dos personas iguales…

Sigo leyendo a Eduardo Galeano y encuentro su Mundo en el Libro de los Abrazos.
No, no hay dos personas iguales. Ni tan siquiera parecidas. Cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles, con esa individualidad que nos hace dueños de reacciones diferentes ante las mismas situaciones.
Y aunque sea un motivo de discusión, pienso que ahí reside el atractivo de una persona. Y cuando digo atractivo, no me refiero al exterior. El exterior nos ayuda quizá en una primera aproximación, pero lo que realmente atrae es ese encanto de lo diferente, de lo único y exclusivo. Esos mil matices de diferencia que acompañan las palabras, los gestos, las conclusiones.
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Y ahí nos lleva el que haya personas que brillan con una luz determinada. Que no brillan, me diréis, pero yo creo que sí que las hay. Aunque probablemente tú percibas la luz en alguna donde yo no lo perciba y al revés. Porque volvemos a la misma reflexión. Tú y yo somos diferentes.
Tú, vives la vida con la serenidad de quien tiene firmes todas sus convicciones, claros sus objetivos y seguras sus opiniones. Que no arriesga, porque en el riesgo se queman todas las seguridades que acompañan tu actos.  La pasión es una actitud amenazadora en la selva de tu sentimientos, porque si te pierdes en ella se desdibuja el organigrama de tu vida.
Yo,  la vivo con el sobresalto continúo de saber que nada tengo claro, que mis objetivos pueden variar de un día a otro, que mis intereses se diluyen en un mar de proyectos que culminan en ninguna parte.  La pasión, es lo que me mueve en cada instante, es lo que marca cada minuto de tiempo que respiro. Arriesgarme a sufrir es el precio a pagar por exprimir al límite cada uno de mis actos.
Ahora tus actos y los míos coinciden en un mismo lugar. El que ambos hemos elegido. Ese lugar en el que lo que nos diferencia desaparece, para dar origen a otra forma de contemplar la vida.
«No hay dos fuegos iguales.
Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores.
Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas.
Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman;
Pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende»
 

Lunes para reflexionar…

… también el Día de la Mujer…

Porque para mí, todos los días son de la mujer y del hombre. De todo ser humano que se comporte como tal y como tal respete a todas las personas que rocen su vida, sean del género que sea.

Y hoy también leí a Eduardo Galeano (magnífico) y no pude evitar dejarlo por aquí…

«Si Eva hubiera escrito el Génesis, ¿como sería la primera noche de amor del género humano? Eva hubiera empezado por aclarar que ella no nació de ninguna costilla, ni conoció a ninguna serpiente, no ofreció manzanas a nadie, y que Dios nunca le dijo que parirás con dolor y que tu marido te dominará. Que todas esas historias son puras mentiras que Adán contó  a la prensa» 

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A alguien había que echarle la culpa, no? Pero yo no creo que fuera toda de Adán o de la prensa. Parte de ella si, pero… no toda.

Quizá existen «otros» que deberían sentirse culpables.

Otros que durante muchos siglos han contado un cuento con la idea de hacernos creer que era una verdad absoluta. Que nos han colocado en un pedestal para que, lejos de la realidad, alguien pensara por nosotras. Que sólo nos han pensado como madres y esposas.

¿Donde está esa otra parte de nosotras? Esa parte que grita que queremos ser libres para pensar, para querer, para decidir, para equivocarnos, para disfrutar de nuestro cuerpo.

Me cansa ese pensamiento trasnochado, obtuso y con aroma a incienso.

Yo soy mujer y nunca he querido ser un hombre, porque siempre he pensado que soy capaz de caminar a su lado. Ni delante, ni atrás.

 Y si alguien no está de acuerdo con ello, lo siento, jamás me disculparé por pensar así.

Feliz lunes… con un olor a  primavera que se cuela entre nuestro estado de ánimo con aires de conspirador.