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Escribo…

Escribo, escribo y escribo…
Desde la alegría, desde la serenidad, desde el calor.
Amaneció triste y nublado, pero después de la lluvia el sol inundó mi habitación y todo volvió a ser como antes.
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Sentí la ilusión de estar viva, de ser capaz de divertirme y disfrutar con las pequeñas cosas que me rodean.
De agradecer a todos aquellos que me aman, incluso en los momentos en los que no merezco ser amada. De amar yo a mi vez, sin freno, sin tasa, sin medida. Sin pedir cuentas a nadie. Amar, por amar y amando.
En las noches, en las que luna, compañera de mis sueños, me habla con su luz y trae para mí los que se habían perdido en el tiempo y en la distancia.
En el día, cuando construyo esos sueños, algunos veces inalcanzables por ser sueños y a los que me niego a renunciar, aunque no olvido que… los sueños, sueños son.
En la vida, que dibujo cada día, con los colores que deseo.
Sin volver la vista atrás.
Sin excusa, sin pretexto para vivir… para soñar con los ojos abiertos… para olvidar.

Lunes para reflexionar…

… también el Día de la Mujer…

Porque para mí, todos los días son de la mujer y del hombre. De todo ser humano que se comporte como tal y como tal respete a todas las personas que rocen su vida, sean del género que sea.

Y hoy también leí a Eduardo Galeano (magnífico) y no pude evitar dejarlo por aquí…

«Si Eva hubiera escrito el Génesis, ¿como sería la primera noche de amor del género humano? Eva hubiera empezado por aclarar que ella no nació de ninguna costilla, ni conoció a ninguna serpiente, no ofreció manzanas a nadie, y que Dios nunca le dijo que parirás con dolor y que tu marido te dominará. Que todas esas historias son puras mentiras que Adán contó  a la prensa» 

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A alguien había que echarle la culpa, no? Pero yo no creo que fuera toda de Adán o de la prensa. Parte de ella si, pero… no toda.

Quizá existen «otros» que deberían sentirse culpables.

Otros que durante muchos siglos han contado un cuento con la idea de hacernos creer que era una verdad absoluta. Que nos han colocado en un pedestal para que, lejos de la realidad, alguien pensara por nosotras. Que sólo nos han pensado como madres y esposas.

¿Donde está esa otra parte de nosotras? Esa parte que grita que queremos ser libres para pensar, para querer, para decidir, para equivocarnos, para disfrutar de nuestro cuerpo.

Me cansa ese pensamiento trasnochado, obtuso y con aroma a incienso.

Yo soy mujer y nunca he querido ser un hombre, porque siempre he pensado que soy capaz de caminar a su lado. Ni delante, ni atrás.

 Y si alguien no está de acuerdo con ello, lo siento, jamás me disculparé por pensar así.

Feliz lunes… con un olor a  primavera que se cuela entre nuestro estado de ánimo con aires de conspirador.