Etiqueta: biblioteca

Leer…

He entrado en la biblioteca de nuevo, y al pasear la mirada por la multitud de libros que la llenan, no he podido evitar que llegaran los recuerdos de aquellos años en los que sentada en el sillón de orejas y con las piernas que no me llegaban al suelo, devoraba todo lo que caía en mis manos.

Cuantas horas he pasado aquí. No sé cuando empezó a picarme el gusanillo de la lectura porque tengo la sensación de que nací con un libro en las manos.  Y algunos de los mejores momentos han sido precisamente en este lugar. Luego han llegado otros lugares donde leer que han sido menos confortables, aunque no menos disfrutados, pero este… ha sido especial.

Quizá por el olor que desprendían el papel y  las cubiertas junto con el de la cera que se utilizaba para abrillantar toda la madera, no sé! Pero ahora esos aromas tan de moda que llenan nuestras habitaciones, nunca han sido para mí tan sugestivos como aquella combinación.

mas libros

Aquí fue donde descubrí que leer era la fascinación de vivir otras vidas muy diferentes a la mía, de conocer a personajes que sólo se cruzarían en mi camino a través de aquellas líneas.

Ahora miro los lomos de los libros y me viene a la mente los ratos que he pasado simplemente, observando cómo cambiaba el color de sus tapas a medida que avanzaba la tarde. Luminosos por las mañanas, severos de noche. Ordenados por tamaños, en un orden perfecto, como nunca he vuelto a verlos. Cómo los cogía con un temor, casi reverencial, por miedo a estropearlos y ganarme una riña.

Añoro aquellas tardes en las que, libre de preocupaciones, con un libro en las rodillas me olvidaba de todo lo que ocurría a mi alrededor. De aquellas tardes en las que comprendí que nunca podría dejar de leer, porque leer era vivir muchas vidas teniendo sólo una.

Ahora los libros se amontonan en las estanterías de mi casa y aunque intento que todo tenga su orden y su concierto, nunca lo consigo. Parece que tengan vida propia.

Hoy cojo uno de Alice Munro, mañana quiero volver a leer aquella frase que encontré en un libro de Auster, pasado los poemas de Valente y al otro Nemirovsky despierta mi interés y así van saliendo de las estanterías para regresar sin un lugar definido. Esperando que, otra vez, mi curiosidad me lleve hasta ellos y los demás que ocupan a su lado todo el espacio que tengo libre.

Atrás quedó la biblioteca y su silencio, pero ahora aunque sin orden ni concierto, en la mañana o en la tarde, incluso sin silencio… sigo necesitando leer como lo necesitaba entonces.

Me reprocho a mí misma por pensar (cada persona debe hacer lo que le satisface) que las personas que no les gusta leer se pierden momentos únicos, pero es que… yo no sé caminar si no es con un libro en la mano… aunque sea digital!