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Poetizando…

En tu mirada azul se han borrado las palabras.
Una sombra de tristeza, de duda no declarada.
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De inquietud, desasosiego, se extiende lenta en tu cara.
Buscas entre tus recuerdos aquella noche incendiada.
De pasión, de fantasía de dos cuerpos y una cama.
Una luna, hoy de hielo,  marcó aquella noche mágica.
Dejando en vuestra piel caminos de sal y agua.
Ya tu color no es azul y tu mirada es amarga
¿Dónde queda aquel recuerdo en  esa noche callada, cuándo tu cuerpo y el suyo rompieron la madrugada?

Era un sueño…

La noche es oscura, a través de una nube un rayo de plata se refleja sobre el mar, pero Marte una noche más, alumbra en rojo y la plata se tiñe de color. Miro el cielo y es blanco, adivino que miles de estrellas blancas lo atraviesa.

Una de ellas cae a mi lado y una manada de caballos sale de su interior. Galopan por la playa levantando espuma blanca. Sus patas esbeltas se curvan impulsadas por el ritmo de la carrera. Estoy soñando. La manada galopa sin cesar y las dunas de arena dorada se deslizan una tras otra, creando dibujos imposibles. Las crines de los caballos ondean al viento y su pelaje, zaino, alazán, melado, brilla por el sudor que resbala por sus cuerpos. La tierra tiembla con mil sacudidas, la arena se hunde en una espiral de tela de araña y la manada desaparece con ella.

Para volver a emerger en un campo sembrado de verde y amapolas. Ahora llevan jinetes, de oscuros turbantes y vestidos de azul, que galopan inclinados sobre sus monturas. Un ronco grito sale de sus gargantas y el aire vibra igual que la cuerda de una guitarra. La luz pugna con la oscuridad y en la batalla que libran, los jinetes se han convertido en estatuas.

Estatuas que adornan un paisaje a la orilla de un lago. Unas mujeres bailan y bailan mientras las faldas en torno a sus piernas se ensanchan hasta cubrir todo el espacio. Y en sus giros vertiginosos dejan estelas moradas, azules, amarillas. Siento que me envuelven y me convierto en una de ellas.

Gotas de agua, como lagrimas que golpean el cristal, arrastran a las mujeres y sus faldas. El mar en azul y plata las envuelve mientras a su alrededor, las estatuas cobran vida. La noche se encoge empujada por la luz. Los jinetes, los caballos, las mujeres y el lago desaparecen tras el estallido de una luz blanca. Blanca como las estrellas blancas.
Me despierto… era un sueño.

 

Veo…

… la montaña a través de los cristales…
No conozco demasiado esta parte de la ciudad, pero me gustan sus casas antiguas un poco abandonadas pero con una belleza intemporal.
El verde de las enredaderas cubre sus muros repletos de historias mientras desde las chimeneas, que anuncian el frío, hilos de humo suben hacia el cielo y dibujan en su azul figuras imposibles.
 
Cierro los ojos y vuelvo al pasado…
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… me gustaría abandonarme a la sensación de recuperar un sentimiento que se perdió en algún recodo del camino, pero..
 
… él me espera y no deseo otro presente…