Pese a las musas…

Cae la tarde y aunque sé que tiene que ser así, me parece demasiado pronto. Necesito la luz. Quizá en algún momento fui una planta. Una planta que creció en el mar. Las calles están solitarias y casi oigo el sonido del silencio. Este domingo muere pero no le acompañan los sonidos de otros domingos más felices. Y me confieso afortunada, pero mi optimismo está empañado por una tristeza que quiero hacer mía. Quizá porque empiezo a dudar de todo, quizá porque esta situación está siendo muy dura. No sé.

Abro mi email y leo unas palabras de un buen amigo y compañero de letras. «No pierdas el optimismo», me dice «Contágiame un poco: yo también dudo»

Y me siento aquí, pese a las musas esquivas y escribo un poema. Un poema que le lleve hasta el mar. Allí donde todo es sereno y la vida toma un respiro entre el estruendo de las palabras y la sinrazón.

 

Llévame al mar, te dije,

 

Y tu boca acarició mis cabellos, líquenes rojos que crecieron,

cuando la dulzura de tus labios dibujó el tiempo,

y me envolvió en las sedas del destino.

Llévame al mar, te dije,

Y tus manos recorrieron mi cuerpo,

mapa de agua, olvido y ausencias,

convertido en azules y caminos de sirenas,

espejo del tuyo y de los suspiros del agua.

Llévame al mar, te dije,

Y tu mente recurrió al olvido,

atrapada en un abismo de algas y de espuma,

allí donde mi vida, se aleja de la tuya.

María G. Vicent ©

Que la semana sea relajada…!!!

Imagen de Elena We en Pixabay 

0 comentarios en “Pese a las musas…

  1. Gràcies Maria per aquest poema.
    Per un de montanya com jo, que va veure el mar per primer cop als 11 anys, el mar és com la cançó que cantàvem de petits…
    El mar és verd, el mar és blau,
    El mar és calma i és temporal.

  2. Me gustó mucho eso de «Quizás alguna vez fui una planta». Una forma humilde pero hermosa de decir que lo único que necesitamos es luz (permíteme el plural; permíteme que sea parte de esa necesidad).
    El poema es precioso y, más allá de la melancolía, ambos sabemos que tu amigo es quien, al final, tiene razón: «No pierdas el optimismo».

    Un fuerte abrazo.

    1. No sólo te permito ese plural, sino que me alegra que me acompañes en «esa necesidad», amigo mío. Y no te preocupes, nunca perderé el optimismo.
      Abrazo que viaja hasta ti.

    1. Si mi poema te hace volar por encima de nuestra realidad, me harás muy feliz. Nuestra realidad, ahora, necesita de un poema para volar.
      Mi abrazo enorme, Carlos.

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