Fue la casualidad…

Siempre es la casualidad la que hace llegar hasta ti a las personas. Y así es cómo llegó él a su vida. El encuentro en un autobús y la sorpresa al comprobar que los dos empezaban aquel día la carrera.

Bajaron juntos de aquel autobús y juntos permanecieron durante mucho tiempo. Fueron amigos, confidentes, hermanos y cómplices, pero nunca fueron amantes. Ese fue el único camino que no exploraron unidos porque ni él era el tipo de ella, ni el de ella el de él.

Ella era de un planeta y él de otro, pero en esa diferencia radicaba su secreto. Cuando él subía, ella bajaba y cuando ella lo veía claro, él dudaba. Pero juntos componían esa perfecta melodía que surge cuando dos personas se miran y se entienden, más allá de las palabras o los gestos. Él era ese otro yo que adivinamos cuando el espejo devuelve nuestro reflejo. Su contrapunto.

Eran el puzzle perfecto. Piezas sueltas y, al parecer, muy diferentes que al juntarse nos sorprenden por la imagen que nos muestran.

Pero un día algunas de aquellas piezas desaparecieron con un adiós terrible por lo definitivo y la otra parte de aquella imagen perfecta se dio cuenta de que nadie volvería a llenar aquel vacío.

Y cada día que pasa mientras se pasea sola por aquel planeta que sólo a ellos dos les pertenecía, recuerda que la casualidad les unió y que hicieron de eso una aventura perfecta.

Entonces sonríe.

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  1. Se fue, llevándose la otra mirada en el espejo,
    el fondo del armario de su alma.
    Dejando aquella habitación cerrada
    la misma que te tenía preparada
    en el lado izquierdo del corazón.
    Con la puerta señalada:
    Adiós amor que nunca ha sido.
    Un besazo.

  2. La complicidad de dos personas no tiene porque llevar a mantener algo más que una relación de verdadera e intensa amistad. Lo malo de todo esto es que la vida sigue y casi siempre acabo por separar esa complicidad, pero nunca la amistad.
    Besos.

  3. Tal vez haya sido mejor así. De este modo quedará siempre como una historia de amor perfecta, cosa que no siempre sucede en la unión verdadera entre dos personas. Mejor sonreír, sí.

    Un fuerte abrazo.

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