El viento…


                                                
Y el viento entró ágil, como un jugador en un campo que se encuentra suspendido en el aire.

Volaron los sombreros desarbolando cabezas. Perdieron las flores sus macetas. Las faldas se levantaron con un guiño cómplice y giraron los molinos.
Las palabras vacías se confundieron con las ideas y las ideas cedieron ante la fuerza de los deseos.
Lo vimos, pero un extraño pudor ante la verdad nos cegaba.
Quizá después de él…
Habían prometido su visita y él se vistió de lunes para llegar hasta nosotros.

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