Categoría: Pensamientos

Inspiración…

Está en la esquina, quisiera ver el mar, pero el azul se convierte en verde hoja salpicando los árboles que recorren el bulevard.
El pequeño café, está en la esquina.
El aire de un martes de invierno despeina mi pelo… ¿lo podrás desenredar?

Inspiración, inspiración… creo que es un buen momento para desconectar… desconecto!!!
Quizá… otro día.

VITA BREVIS…

Tal vez haya un Dios que nos conozca. Si fuera así, tengo el convencimiento de que habrá guardado todo cuanto de bueno nos regalamos el uno al otro. Pero si no existe, mi vieja alma gemela, no hay nadie en todo nuestro vasto imperio que se conozca mejor que tú y yo (Jostein Ga 
arder)

Un día me llamó un buen amigo mío. Es uno de esos amigos que han formado siempre parte de mi vida. Ya ni recuerdo cuando apareció en ella aunque sí que recuerdo cuando se fue.
Lloraba. Su pareja desde hace 26 años le dejaba.
Y… ¿sabeis porqué? Porque había encontrado a Dios. Y encontrar a Dios suponía abandonarle a él. A su pareja desde hace 26 años. Su confesor así se lo había aconsejado. Debía ser casto, puro, nada de sexo y mucho menos el sexo con un hombre. Porque resulta que la pareja de mi amigo es un hombre.
Daba igual que mi amigo fuera bueno, honrado y sobre todo que quisiera a su pareja. El Dios del confesor, así lo pedía.
Pero ¡eso si! amigos en Cristo podían seguir siendo.
Me indigné… ¿como darle consuelo, como hacerle entender….? Ni yo misma podía creerme lo que oía.
Me enfadé y pensé, no ¡ese no es mi Dios! Mi Dios ama el amor venga de donde venga.
Mi Dios me creó no para que viviera en un oscuro laberinto de expiación, sino para que disfrutara de las cosas que había creado junto conmigo.
Mi Dios me mira y sonríe.
Pero… las casualidades existen. En estos días pasados otra buena amiga me regaló un libro. A ella le había parecido muy bello, ¡Vita Brevis!
No sólo lo he leído, lo he devorado y no sé que extraña sensación he sentido cuando he visto reflejado en lo que he leído, lo que yo siento.
Es una historia de amor desgarrada, pero desde la serenidad que dan los años y la distancia.
Es una historia de amor pura, porque es la unión de dos almas más allá de toda duda.
Y es una historia de amor truncada porque en un momento se quiso salvar un alma que ya estaba redimida por el amor.
Un libro para leer, para sentir, para disfrutar y sobre todo para pensar. Desde mi humilde opinión os lo recomiendo.

Era diferente…

Me sentaba a escribir.
A mi espalda el ventanal dejaba entrar una luz tamizada por las cortinas de gasa y los libros desde las estanterias se convertían en silenciosos amigos ocasionales que me acompañaban sin molestar.
Fuera la copa de mi arbol golpeaba con pequeños roces el cristal de la ventana y me hablaba sin palabras.
Nació al tiempo que yo escribía y juntos vimos crecer él su tallo y sus hojas y yó mis páginas que en aquel  tiempo fueron blancas.
Era el único árbol diferente que adornaba la calle.
Se mostraba nostálgico y dorado en el otoño, delgado y desnudo en invierno mientras estiraba sus ramas buscando los rayos de sol, espectante y verde en primavera, relajado y pleno en el verano.
Me marcaba las estaciones igual que marca las horas un viejo reloj, al tiempo que las hojas, que ya no eran blancas, se cubrían de historias y de cuentos.
Aquella mañana repetía mi ritual pero cuando me senté y empecé a escribir, eché algo de menos. El roce leve que me acompañaba sin palabras.
Miré a traves de la ventana…  había desaparecido. En el suelo un pequeño cuadrado lleno de tierra me contaba que una vez existió. En el silencio de la noche un ladrón me lo había arrebatado.
Apareció otro árbol diferente, pero  no volvió a rozar mi ventana y yo tampoco deseé que lo hiciera.
Me quedé con una pregunta… ¿desapareció porque era diferente?… nadie me la contestó.

David Bowie- Starman

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=muMcWMKPEWQ]

Fue ayer. Ayer fue su cumpleaños. Al despertar quise recordarle con sus vaqueros negros, la chupa negra y su inseparable sombrero, pero me dí cuenta, con algo de miedo, que no era capaz de recordarle así. Le recordaba en aquel lugar de paredes blancas, con olor a enfermedad, tristeza y desesperación. Lo recordé enfermo y abatido. Lloré por él, por mí y por todas las cosas que, juntos, nos quedaron por vivir. Hoy sé que aún me queda un largo camino por recorrer para recuperar esa imagen que es la que deseo conservar. La del hombre alegre, divertido, ocurrente y bueno. Recuperar a mi starman.

Y Ulises… dejó de soñar.

Nada había cambiado, Ulises se vio de nuevo frente a la inmensidad del mar.
La luna dejaba una estela plateada marcando aquel camino que le llevaría de nuevo a Itaca.

 

Muchas lunas le habían iluminado y muchas estelas había recorrido para volverla a encontrar, pero de nuevo otros cantos de sirenas le retenían y la inquietud como un veneno administrado gota a gota, le impedía regresar.

 Cerró sus ojos mientras la brisa salada se enredaba entre su pelo y soñó que no era un héroe.
 
Soñó que no era el adalid de todos aquellos que buscan su destino y no lo encuentran, de todos los que persiguen sus Itacas privadas, de todos los que la han imaginado como un paraíso. 

Soñó que la primavera le encontraba en su casa, debajo de los almendros, viendo como Penélope tejía un tapiz en forma de sueño.
 Soñó que los álamos perdían sus hojas otoño tras otoño formando pequeños montones de hojas secas que susurraban un nombre.
 Soñó que las primeras nieves del invierno cubrían su cabeza y las ancianas en los posos leían su destino. El destino de los dos.

 Abrió los ojos y sólo vio un mar vigilante, tenso. Olas de plata, marcando caminos de agua se abrían frente a él y sobre ellas la llamada de su destino. La búsqueda, la soledad. El destino de un héroe. La luna le miraba desde su fría blancura y Ulises inclinando la cabeza… dejó de soñar.