Categoría: Pensamientos

Se fueron…

… los días compartidos.

Y con ellos la caricia en ese hueco de mi hombro en el que descansaste la cabeza.


Foto de Imogen Cunningham

    La mirada que abrazaba mi nuca.

    La pasión.

    Fue un espejismo anclado en un siglo que no era el nuestro.

    O quizá sí, pero que resbaló por la ladera de un tiempo que ahora sé que  era eterno.

     Sueños imposibles en un día que se agota.

     Volverán las caricias, el deseo, el tiempo y los sueños.

  … y tú, volverás?

Echar de menos… (recordando a Gala)

Hoy leo lo que me escribiste una vez May.
Hoy hace ya tiempo que te fuiste y desde allí, nadie regresa. Hoy, más que otro día, sé lo que es echar de menos.  
“Te echo de menos”, me dijiste.
Después un motivo más fuerte que tú, más fuerte que tu deseo,  te alejó de la vida… y echarte de menos se convirtió en un sentimiento  habitual.
Foto de Internet
   Cuando echas de menos, todo es bello, todo ha pasado por  la pátina del tiempo y aquella tarde en el río fue la más bella,  aquel amor fue perfecto y aquel dolor nos hizo mejores.
   Echar de menos todo, lo malo, lo bueno, el recuerdo de lo que fuimos una vez, la caricia deseada y por no haberla recibido adornada como un instante mágico. Todo se ha quedado atrás en el tiempo, las miradas, los abrazos, aquel otoño ocre y dorado.
Y seguimos echando de menos. Con tozudez, con tristeza. Aquel atardecer en llamas, el abrazo del ser querido, una mirada azul a través de una ventana. Ese deseo incumplido.
¿Qué queremos, que pretendemos cuando echamos de menos?
Perpetuarnos en la memoria, en el corazón de una persona, en aquel paisaje de ensueño. Queremos quedar grabados en la retina del tiempo. Como un cuadro inmóvil, pero lleno de matices. Queremos echar de menos, pero que no nos duela. Queremos sentir el arañazo de la distancia y del tiempo, pero a la vez saber que todas las heridas sanan.
Cuando ya la vida nos ha perdonado todos los errores cometidos y hemos aprendido que podemos echar de menos con nostalgia, pero sin desesperación como una vez dijo Gala, es cuando echar de menos cobra algún sentido.
Porque es entonces cuando pasado, presente y futuro se funden en un momento y ese momento, ese momento… se convierte en eterno.

Autobiografía… (Emulando a Neruda)

Ha dejado de llover… también es primavera.
Se acabó el libro que dormía sobre la mesa.
Sale el sol,
Emulemos al poeta…


Foto de Internet
«Por mi parte soy o creo ser, recta de nariz,
Creciente de ojos, abundante pelo en la cabeza,
Escueta de abdomen, mínima de piernas,
Discreta de pie y blanca de tez,
Altruista de amores, lenta de cálculos,
Generosa de palabras, suave de manos,
Admiradora de estrellas, el mar y lo imposible,
Extranjera de instituciones,
Lanzada en los salones, tímida en la intimidad,
Amiga entregada, enemiga débil,
Afortunada de días, ignorante de mercados,
Discreta en mi historia, sorprendente en  los  sueños,
Quisquillosa en el orden, corta de apetito,
 Ligera en la tristeza, profunda en el sueño,
 Persistente por cabezota, aficionada a la tinta,
 Indagadora de tristezas, incansable en  su búsqueda,
Valiente si me empujan, miedosa en mi interior,
Perpleja ante el mal, tenaz en la alegría,
Degustadora de silencios, humilde ante la sabiduría,
Precipitada en juicios, lenta en el odio,
Generosa en afectos, exigente en apegos,
Activa por oficio, compasiva en el llanto,
Hija por convicción, amante por placer,
Despistada ante la vida, mujer a perpetuidad»
 
 

Entre el ya y el todavía…

Foto de Internet

Vivimos entre el ya o el todavía y nos olvidamos del ahora.

Ahora, ahora, ahora… es la palabra mágica que nos va a abrir las puertas a las sensaciones del presente.
Tantas preguntas en la cabeza o en el corazón.
Tantas dudas…  ¿qué pasará después?
Si amo, si me entrego, si pongo mis sentimientos en la palestra, no sé que pasará.
Yo solo sé, que vivir es arriesgarse. Y que cuando lo que arriesgas es el corazón, ya sabes que juegas con el motor de tu vida.
No sé más.
Que mientras amas, vives. Que no puedes negarte a amar por miedo a que en ese después llegues a llorar cenizas.
El ahora está ahí, lo tienes cerca de tu mano. Se abre ante ti como una promesa.
Pero no una promesa de futuro, tan solo una promesa de presente.
No vuelvas la cabeza porque puedes convertirte en una estatua de sal. No la levantes demasiado, porque solo abarcarás la distancia. Mira tan solo hacia delante.
Y vive… Tan solo ese minuto que te enlaza con el siguiente. Sabes que está lleno de matices y que quizá moldee algo que se creará más allá de ese minuto, pero que es, en ese momento, sin ninguna traba, cuando disfrutarás plenamente tu presente. 
Ahora…

Tendrías…


                                                 
… 17 años.

 
No hay día en el que no lo recuerde.
Tan solo con que el destino no se hubiera mostrado caprichoso en un día, aún caluroso, de octubre. Los tendrías.
Ayer, oyendo las risas y las voces que celebraban lo que a ti el destino no te concedió, no pude por menos que sentir un atisbo de añoranza que al minuto siguiente se hubiera convertido en angustia.
Pero… he aprendido.
Sé donde estás y sé que estás. Y algún día sabré por qué no estás aquí.
Hoy es lunes y el sol me entibia la espalda.
 
Si, hoy tendrías 17 años.

 

El Peaje…

Foto de Juan Yañez
Todos los días de nuestra vida merecen ser vividos. Con todo lo que nos deparen.
Pero hay días que permanecen en nuestra memoria de una forma muy especial.
Días en los que oscilas como un péndulo, de la alegría a la tristeza, de la resignación a la rebelión, del blanco al negro, sin matices, sin limaduras, sin concesiones.
Son esos días en los que te das cuenta de que el peaje por vivir con intensidad, es importante. 
                                                                          
Pero aunque así sea…
Hay que volar y vivir.

La distancia y el olvido…

Aquí estoy de nuevo, enfrente de ti, enfrente de mí, enfrente de los dos, mirándote, mirándome, directamente a los ojos del corazón. De esa manera entras en mí con todos los sentidos.
¡Qué mala pasada es la distancia!
Porque dime tú sino tengo por aquí gente para elegir, pero no lo que yo quiero es hablar contigo, que estás lejos, en un bis a bis cálido y real.
Verás como así las palabras fluyen a preciosos intervalos, derramándose despacio por las laderas de esa sensación tuya y mía, que al menos yo, evoco cada vez que te recuerdo.
Qué sensación, qué recuerdos, qué imaginación, porque…
¿Acaso hay diferencia en la distancia? No lo sé. ¿Y tú?
No, no creo que la distancia sea el olvido.

El Silencio…

Sentada en la terraza veo el sol ponerse sobre el mar. La luz amarillo rojiza, tropieza sobre el agua y se rompe en mil pequeños espejos que caen en una lluvia brillante. La serenidad se acopla a mi cuerpo. Y deseo que el tiempo se pare en aquel segundo y yo hacerme una casa en él. No hay nada que turbe la dulzura de la tarde. Solos, el sol que se aleja y yo.
De repente un ¡clic! en mi cabeza me despierta del sueño en el segundo y noto una ausencia. Y me pregunto… porqué el sol es menos luminoso y mi paz es menos placentera.
¿Por qué?
Y entonces llega tu recuerdo. Y necesito darte un nombre para hacerte real. Y necesito nombrarte para que formes parte de mi sueño. Pero tú ya eres real. Y es esa realidad la que me hace perder la calma.
Tú realidad, no la mía. Tu silencio, no el mío.
Mi silencio es sereno, acogedor.
 
No hay olvido, tan solo cerrar todos los sentidos y disfrutar de una presencia lejana que se refuerza con esos sonidos del silencio.
En el silencio se recrean tus palabras, tus gestos, y en ese aparente vacío, se tejen todavía más los lazos invisibles que nos unen.
Tu silencio crea fantasmas de olvido, de ausencia.
Yo vivo en mi silencio que también es el tuyo, pero… ¿vivo yo en tu silencio?

Hay días…

…en los que te levantas y nada más tocar tus pies  el suelo, notas que el aire no es leve y que pesa sobre tus hombros como un abrigo hecho a medida, que aunque brille el sol tu mirada solo percibe el gris en su tonalidad más oscura, que oscilas entre los malos recuerdos y las peores premoniciones, pero…

… hay días en los que una sonrisa, un abrazo, una mirada y un regalo en forma de botella de colonia, te devuelven la intangible levedad y el sol cobra una nueva luminosidad en tu mirada.

Se cerró el círculo…

Su vida empezó en el mismo lugar, pero nada tiene que ver la sangre ni la educación. Uno era tierra, el otro agua, los dos mezclados pero sin llegar a convertirse en uno solo. Más bien su trayectoria fue un continuo desencuentro. Los vientos les llevaron lejos el uno del otro y cuando apenas se rozaban sus vidas las chispas saltaban creando nuevos abismos. Pero no hay sima que no se llene con lo imprevisto y ese imprevisto llegó en forma de desamparo y soledad.

Entonces la tierra buscó el agua y cuando se fundió con ella… se cerró el círculo. Se volvieron a encontrar allá donde todo empezó, pero habían entendido una cosa… que solo se vive intensamente cuando se pone en juego el corazón… aunque te lo rompan, porque siempre te lo rompen aquellos a los que más quieres.