Categoría: Pensamientos

Hoy me permitiré…

… un punto de tristeza.

Me miras intrigado, sé que piensas que permitirse algo de tristeza no es placentero, pero… ¿me entiendes tú acaso?

Alguien me dijo un día,… tú debes ser siempre feliz.

Le pregunté: ¿por qué piensas eso…?

Y me contestó: Porque siempre sonríes.

Le contesté con la misma arma que él utilizó, le sonreí.

sonirsa

¿Sabe el que te mira lo que, algunas veces, tienes que pagar por una sonrisa?

No, no lo sabe. Pero tú si que sabes el dolor que te cuesta sonreír. Cuando has perdido a una de las personas a la que más querías y te fuerzas para regalar una sonrisa porque piensas que los demás ya tienen sus propias penas.

Por eso hoy quiero darme ese minuto en el que dejaré mi eterna sonrisa.

Pero no temáis porque lo haré en el silencio de mi habitación, cuando ya la luz le haya dejado sitio a la oscuridad, cuando los sueños de los otros no se contaminen con mi tristeza, cuando solo yo sienta ese minuto que me inunda con una sensación de pérdida, cuando el tiempo barra mis recuerdos y todo lo que fue se convierta en pasado.

Después de la catarsis, recuperaré la sonrisa que quedó colgada del perchero, me la pondré,  saldré de nuevo y la repartiré como la botella de leche, el periódico o el correo y volveré a oír:

Tú debes ser siempre feliz…

Quizá no sepan que tengo la habilidad de sonreír pese a todo…

¡Morir…, dormir!…

¡Dormir!…¡Tal vez soñar!
Eso es lo que me dijiste, aquel día. Pero tú no tenías las dudas de Hamlet.
Tú, te habías despedido con un «adiós, amor imposible» y yo, me quedé con la angustia de pensar que te amaba, pero no lo suficiente como para que la palabra amor me hiciera tomar decisiones definitivas.
Lo tenías todo tan claro que pensé que te había hecho un desgraciado y que nunca podrías volver a querer a ninguna mujer como decías que me querías a mí. Desapareciste para volver a aparecer y entonces me di cuenta de mi error. Tú estabas enamorado del amor.
mujer
No de la mujer real, con sus carencias y defectos, con su inseguridad, con esa necesidad clara de beberse la vida, igual los tragos amargos que los dulces. No de esa mujer que buscaba encontrarse a sí misma y que lo intentaba, equivocada, a través de los demás. No de esa mujer de apariencia tranquila y convencional, pero con una rebeldía interiorizada, desde hace tantos años, que sólo se mostraba en la intimidad de sí misma. No de la mujer que cayó mil veces para volverse a levantar con una sonrisa en los labios. No de la mujer que perdió parte de su inocencia en muchas travesías por el desierto, pero que lucho hasta el fin para no perderla por completo. No de la mujer que un día se cansó de cerrar la boca ante las injusticias y se puso el mundo por montera al gritar a los cuatro vientos su disconformidad con lo que veía y vivía…
No, tú te enamoraste de la mujer bien vestida, socialmente aceptada, medianamente bella y mortalmente sosa… Tú me dotaste con todos los atributos del amor romántico, artificialmente bello.
Hoy ya no tienes que morir de amor, quizá tan solo dormir y tal vez soñar… con aquella mujer que amaste, pero… que nunca existió…

Me has dicho…

… no seas inocente…
… siempre ganan los poderosos.
No quería oírte porque hacerlo significaba que perdería toda la fe que tengo en que los seres humanos somos algo más.
Pero he tenido que bajar la cabeza y aceptar tus palabras.
Sí, los seres humanos somos algo más, pero… hay tantos tipos de seres humanos!!!
preocupacion
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Miro a mi alrededor y las palabras que leo me dicen que la justicia está menospreciada, que la honestidad no cotiza en bolsa y si lo hace está bajo mínimos, que el triunfo es para los que mienten, engañan, manipulan.
Que los niños, en muchos lugares han perdido su sonrisa,  su inocencia y hasta su vida. Y que los adultos no tienen ni la oportunidad de luchar.
Miro a lo lejos, la tarde se ha cubierto de nubes…
… ¿será eso lo que nos espera…?

No me preguntes…

… porqué hoy, al apoyar la frente sobre la superficie fría de los cristales… me he sentido feliz…
 
Hoy todos los rumores, que en algunos instantes se han convertido en auténticos truenos y amenazaban, con desbordarse al mínimo movimiento de mi mente, se han calmado. Sus voces se han convertido en sordina y cada sentimiento ha ocupado su lugar. Como un mecano ordenado y perfecto, poco a poco, ha llegado la tranquilidad.
 
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Sí, ya sé que hoy llueve, que estás lejos, que la sensación de soledad sigue ahí, agazapada como un tigre esperando a su presa, que hace tiempo me apee de la vida porque el tiempo se había parado entre dos segundos, que las coordenadas de mi vida oscilan entre la altitud y la latitud de forma descompasada y que… nada es diferente a ayer.
 
Pero…
 
… hoy, al sentir el frío del cristal sobre mi frente, he decidido…
… que no voy a perseguir fantasmas, ni a rellenar soledades con quimeras vanas, ni a recorrer kilómetros en pos de sueños que tan solo yo he soñado, ni a cegarme con sentimientos que caducan con el tiempo.
 
Hoy, al fin, he exorcizado mis fantasmas, aireado mis soledades, me he anclado en un sueño real y compartido y…
 
… la vida ha vuelto a rodearme.

Así fue…

… como yo la sentí…
 
«No sois en absoluto parecidas a mi rosa; no sois nada aún -les dijo-. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien otros. pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo.»
 
Así empezó, con Le Petit Prince y  bajo el cielo nublado que cubría los muros de una iglesia antigua, pequeña y recogida, encaramada sobre la colina. Las lamparillas colgadas del techo emergían entre ramas de enredaderas y margaritas, esparciendo una luz tamizada y dorada que te envolvía con suavidad de sueño.
Los murmullos llenaban la tarde y la lluvia empapaba la tierra como un regalo del próximo  otoño.
Y ahí estaba él, esperando la llegada de ella…
 
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Las notas de Puccini entre la Porta Rossa y el Ponte Vecchio, se enredaron con los pliegues de su vestido  mientras, bajo la lluvia, entraba blanca, coronada de flores y con una sonrisa tan dulce y tan viva que la luz dorada retrocedió hacia los rincones incapaz de competir con la novia.
 
Las palabras amigas, los silencios expectantes, la música que prometía, sobre un cielo de arco iris, que todos sus sueños se harían realidad, fueron desgranando los minutos para convertirse en un final en el que la luz del sol brillaba en un día nublado… tan sólo porque él estaba con su chica…
 
El verde, con aires de septiembre, nos recibió en medio de la campiña y sobre la mesas ramos de olivo, hinojo y maría luisa que desprendían un aroma a familia y a calor de hogar. Sobre la servilleta una cartulina con un nombre y un pensamiento… que me emocionaron hasta hacerme llorar…
Y ellos, los dos, que ahora son uno sin dejar por ello de ser lo que son, paseando felices, presumiendo de una felicidad que yo deseo que se multiplique a cada vuelta de esquina que pueda dar su vida.
 
La música ha cesado, la noche casi llega a su fin… me alejo con un sentimiento único, con una sensación de paz… no sólo he estado…
 
… he compartido, sentido y disfrutado… la felicidad la irán creando cada día… estoy segura!!!
 
 
 
 
 
 

Los días largos…

… se van agotando como el verano.

Cerré las ventanas y bajé los toldos sobre la terraza para facilitar el largo sueño que le espera.
Sentí, por última, vez la leve brisa que movía las palmeras,  contemplé el cielo de un azul infinito adornado por alguna nube viajera, aspiré el aroma a salitre que emanaba del agua turquesa mientras acariciaba las rocas, me tomé el último café en el chiringuito que se balancea sobre el mar y partí.
 

Foto de Internet

Atrás quedan las tardes largas, las noches cortas, la música que movía mis pies, las conversaciones, los amigos, los vestidos de gasa blancos, la luna que susurraba mensajes íntimos, los baños, el sol acariciando mi piel, las sardinillas a la brasa de cala Tangó, las lecturas en la tumbona, el mercadillo de los jueves, los besos robados entre lo que nos rodeaba, las tormentas de verano cuando dejábamos que la lluvia cayera sobre nuestro rostro, mi pamela…
 
Miro a mi alrededor y el paisaje es tan diferente, que tengo que llegar a un acuerdo conmigo misma para no sentir nostalgia.
Las plantas en la terraza, han sobrevivido a mi ausencia y me recuerdan que los días cortos también tienen su encanto.
Aquí me esperan mis amigos, mis libros, las tardes bajo la manta y el otoño que está por llegar…
 
… los días, son apenas importantes, lo importante es como hacemos de ellos algo nuevo con cada sol que amanece.

Sigo sin…

…entender, sin comprender, sin aceptar…

Ayer cuando veía a tantas personas desesperadas, bañadas en llanto, aferrándose las unas a las otras para compartir el dolor, volvió de nuevo esa sensación de impotencia que me domina cuando ronda esa despedida final.
Horrible por definitiva.

Foto de Internet

Hoy hay una persona a tu lado y al día siguiente sólo queda el vacío de su ausencia. No, no estamos preparados para asumir esos golpes de la vida tan repentinos y brutales.
Y nunca lo estaremos porque…
… nunca es el tiempo para despedirte de las personas que amas.

Sí, pasará mucho tiempo antes de que por las tierras de Galicia, vuelvan a oírse los sonidos de la música…

Parecía…

… una cita cualquiera.
Unos conocidos que se reúnen para matricularse en un curso de escritura creativa.
No hay excesiva confianza como no fuera las pequeñas partes de ellos que han ido desgranando, a lo largo de los cursos anteriores, en los relatos que les proponían.
Eran cuatro en torno a una mesa.

Foto de Intenet

Alguien habló de un dolor que se ha instalado en su vida por sorpresa. Esa sinrazón que acompaña a la casualidad y que nos golpea sin misericordia.
Ve las expresiones de quien no sabían de ese dolor… y oye sus voces de consuelo, de comprensión. Los consejos de personas que tienen un corazón y que saben como utilizarlo.
Eran tan sólo conocidos… pero cuando les ha dejado acompañada por un sol luminoso y alegre, ha decidido que aquella cita se había convertido en algo especial y que no estaba equivocada al pensar que…

… existen personas estupendas y momentos impagables.

Se sentó…

… frente al mar bajo un cielo infinito tapizado de estrellas.

Sobre su cabeza la cúpula estrellada ardía en mil fuegos que iluminaban la inmensidad. Se sintió pequeña pese a saber que ella formaba parte de todo aquel universo.

Se preguntó si desde aquel mundo lejano, alguien en algún rincón y en aquel momento la contemplaba con la misma intensidad que ella escudriñaba la oscuridad desconocida.

Foto de Internet

Sonrió…

Quizá, desde allí, atravesando kilómetros de silencio, su mirada se reflejaba en otra mirada…

Podría…

… cerrar los ojos, y lo oídos y hasta la boca para no dejar escapar ninguna opinión, pero…

   Se niega a cerrar los ojos ante una realidad dura, triste, como la  que viven, vivimos, en estos momentos. Es posible que sus palabras  sean dulces, que su esperanza y optimismo estén presentes en todo lo que dice, en lo que escribe, en lo que sueña, en lo que piensa e incluso en lo que necesita. Pero sus ojos siguen abiertos y en algunos momentos esa realidad consigue abrir sus costuras y llegar a rozar el sabor salobre de las lágrimas.
 
Se niega a cerrar los oídos a tantas palabras que buscan un lugar donde descansar y que para devolverlas tiene que vaciar por completo su corazón. De tal forma que necesita de una fuente que le devuelva el equilibrio.
 
Foto de Jordi Gual
Se niega a cerrar la boca con complacencia dando la razón a tantos desatinos, locuras, irreverencias y odios. Ya no callará aunque en ello le vaya la soledad y el rechazo.
 
Podría, podría, pero… no va a ser así.