Categoría: Los días

Se levanto…

… despacio peleándose con las sábanas que se enredaban en sus piernas reteniéndola en aquel nido blando y suave.
La luz blanquecina de la primavera lluviosa se coló por la ventana y la arrastró hacia la ducha y mientras el agua le caía  sobre la cabeza describiendo caminos imposibles sobre su cuerpo decidió que aquel día iba a ser libre.
Libre para disponer de cada hora, minuto y segundo de aquel lunes que no parecía prometerle nada.

      Unos pantalones ajustados de color rojo, la camiseta que dibujaba a cincel sus curvas suaves pero definitivas eran suficientes.

Foto de Eduardo Portela Jeremías

                                

       Los pasos ligeros la llevaron hacia un autobús que recorría la ciudad    dando vueltas en círculos igual que una noria con fondo musical.     
       Se sentó en un rincón tranquilo y tras ajustarse las gafas de sol, para hacerse invisible, se dispuso a observar la ciudad con los ojos de lunes bullicioso.
        La avenida flanqueada por el árbol almez se estiraba hasta donde se perdía la vista, los balcones panzudos presumían de años y de historias, la luz se teñía de verde en los jardines y el cielo pugnaba con la bruma para mostrarse azul y lejano.
      Una madre, un niño, los coches, un anciano, un joven ejecutivo, el perrillo   lanudo, la muchacha hermosa pasaban ante sus ojos haciendo cobrar vida a aquel paisaje.
No pudo poner palabras a lo que sintió, pero supo que ella pertenecía a todo aquello, que no era una mera espectadora del devenir de los hechos y de las cosas.
Sonrió para sí… se había equivocado, aunque no le gustara la ciudad…
Prometía ser un lunes nuevo y bullicioso…

Se obstina…

… el tiempo en proponerme ocupar de nuevo mi sillón de orejas.

Llueve o casi,
 y las nubes que cuelgan del cielo azul me impulsan a la introspección.

¿Encontraré en Proust alguna respuesta?

No, no quiero cambiar mi vida. Sólo tengo una pizca de curiosidad.

¿Será porque hoy es lunes?

Será… me dices.

Con ganas de…  ¿lunes?

Es domingo…

… sigue lloviendo…

Me espera el sofá y un fragmento de «La fragilidad de las Ipomeas»

Foto de Internet
«Mientras hablaba se inclinó para recoger una flor que la brisa había llevado hasta sus pies, pero no dejó de mirarle a los ojos. Parecía querer leer en ellos una respuesta.
Simone se estremeció y con gesto maquinal se abrochó la chaqueta. Notó que  las sienes le latían con fuerza.
Estaba seguro de que en ningún momento le había comentado que se iba a retirar tarde. Incluso le había dicho que estaba demasiado cansado, que solo leería durante un rato en la biblioteca y luego a la cama.
         Pero, sin embargo, ella estaba demasiado segura de lo que decía. No era una especulación sobre si se había acostado tarde o no. Era una certeza.
Vino a su mente el recuerdo de un revuelo de sedas cruzando la puerta de la habitación de Chiara cuando él regresó de su entrevista en el jardín.
Con un escalofrío,  lo entendió»

La tarde…

Foto de Isa Sastre
   Se derrama la tarde por las paredes del balcón mientras  las  sombras ganan a la luz y se sientan en   nuestros sillones.
 
   Se acaba el día y tu rostro color dorado se vela en una  siesta tardía.
 
   Las voces decrecen y  las confidencias nos acechan…  no sé si quiero palpar la realidad. 
 

Tarde de domingo perezoso.

Casi, casi…

Foto de Internet

Se levantó y descalza, le vio alejarse en la mañana.

En el recuerdo su último beso.

En su cuerpo la sensación de una libertad de primavera amanecida y un camino improvisado.

En su sueño, el rostro de la eternidad no deseada.

En el aire las promesas cumplidas…

Le vio alejarse en la mañana de un lunes…

Casi, casi… como hoy.

Imitando al autor…

Foto de Internet

 “No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario. No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo” (Walt Whitman)

 
Me tropecé en este día de miércoles con algo ordinario y lo pinté con tintes de extraordinario… ¿lo encontraste tú?
 
Me alegro…

Soñando flores y libros…

Foto de Internet


                                                 

… en todos los lugares a los que dirijo mis ojos.

Rojo, blanco, amarillo y un imposible azul, pregonan un día en el que la primavera sienta sus reales en la ciudad.
Los libros presumen de sus portadas y de sus autores desde el centro del bulevar mientras los árboles prestan su sombras al rio humano que no cesa.
Y como en un sueño allí le veo entre los demás libros, desde la portada me miran sus tonos azules y las mujeres de Degas.
El rio humano me arrastra.
Despierto.
Sólo era un sueño… Feliz día de flores y libros!!!

El Plano Guay…

Paseaba aquella mañana buscando ese “plano guay” de cada día.
Un instante que valiera la pena recordar. Que sería subjetivo y sólo para mis ojos, pero que ahí quedaría para mi surrealismo cotidiano, que tengo que confesar que me pierde.
Casi tropecé con ella. La tenía frente a mí. El muchacho me la entregaba diciendo:
“Es para ti”
La cogí por el tallo largo y esbelto y acaricié las hojas de terciopelo. Su color brillante me devolvió a un lugar entre naranjos.
 
Les dediqué a ambos una sonrisa. El muchacho me la devolvió. La flor siguió brillando en mi mano.
 
Era mi «plano guay»..
 

Lluvia sobre el cristal…

Llueve, llueve sobre el cristal. Son incontables lágrimas que dejan senderos que no llevan a ninguna parte.
Salgo en busca de las flores intentando adivinar un atisbo de primavera.
No lo encuentro y abandono, pero antes de hacerlo un pequeño punto rojo me llama hacia una esquina del jardín.
Me acerco.
Una flor diminuta pugna por salir entre los espinos. Pequeña y de un rojo sangriento presume de ser la primera.
¿Será que se acerca la primavera y que no la veo aunque la presienta?… Será.

Una sonrisa

Salió a la calle y  la recibió un día azul y gris de invierno. Nada había que la pudiera  alegrar. El frío hacía juego con lo que sentía su corazón. Anduvo ensimismada intentando borrar recuerdos obstinados pero estos parecían haberse instalado cómodamente sobre sus hombros.
Oyó a lo lejos su nombre y se volvió despacio. Hacía ella venía una maravillosa sonrisa.
 

Pensó que el sol aparecía entre las nubes. Todo cambió.