Categoría: Divagando

Veo…

… la montaña a través de los cristales…
No conozco demasiado esta parte de la ciudad, pero me gustan sus casas antiguas un poco abandonadas pero con una belleza intemporal.
El verde de las enredaderas cubre sus muros repletos de historias mientras desde las chimeneas, que anuncian el frío, hilos de humo suben hacia el cielo y dibujan en su azul figuras imposibles.
 
Cierro los ojos y vuelvo al pasado…
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… me gustaría abandonarme a la sensación de recuperar un sentimiento que se perdió en algún recodo del camino, pero..
 
… él me espera y no deseo otro presente…

Hoy ha sido…

… un día muy especial.
Que mis amigos de León estuvieran, ya  ha sido un regalo, pero luego me he encontrado con los amigos de aquí, la chica rubia y su pareja el francés.
Quizá los mejores amigos que tengo. No porque sean los que vienen más de lejos, sino porque son los que más cerca están de mi corazón…
Hoy ha sido...
        Claro que si hablamos del corazón, también están muy cerca la chica morena de ojos oscuros y labios rojos, la que es    frágil  pero llena de vitalidad, la que lee libros y aprende un idioma, la que siempre está cuando la necesitas, el que me escribe desde más allá del mar, el que me critica desde su cariño, la que viene de mi juventud, los que acaban de llegar entre libros y de ojos azules, la que juguetea con el zodiaco, la que me añora desde otro país…
        Sí, hoy ha sido un día muy especial… porque alguien, algún día… inventó los amigos…

El miedo…

… es como un ladrón que te asalta a mitad de la noche…
Terminaba sus vacaciones con la pequeña intranquilidad que siempre le asaltaba por esos días. Y fue en ese momento de debilidad cuando apareció el miedo.
Un miedo oscuro y antiguo que se pegaba a su piel rodeándole con un vestido frío y rígido que le aprisionaba ahogando su respiración.

Foto de Internet
Era el miedo al paso implacable del tiempo, a no estar rodeado el siguiente verano de las personas que amaba, a que cambiara el paisaje, a perder lo que tenía, a comprobar que no se había convertido en la persona que siempre había deseado ser.
Y ahí seguía el miedo…
Pensó en los proyectos fallidos, buscó en su corazón el momento en el que había perdido la ilusión, cuándo se había olvidado de sentarse a mirar las estrellas en una noche luminosa, de expresar con palabras los sentimientos que, aunque seguían existiendo, se durmieron en un lugar de su mente, donde quedó ese hombre que él forjó en su interior como un proyecto de superación.
Se sentó con la cabeza entre las manos y dejó que le envolviera la sensación ominosa de entregarse al miedo…
… y cuando cada poro de su piel reconoció la sensación amarga y viscosa, su boca se abrió en un grito silencioso, un no surgió desde el fondo de su alma… y con una sensación de redención, se dijo así mismo…
no, no se dejaría arrastrar por ese miedo oscuro y antiguo… aún tenía tiempo.

Esa página en blanco…

… la frustración que sientes al no encontrar la palabra, el verbo que exprese  los sentimientos de él, de ella, de los que le rodean…
Foto de Internet
 
Cuando percibes una escena y deseas plasmarla de tal manera que parezca que prestas tus ojos a quien te lee.
Y a la vez que todo tenga sentido, que más allá de la técnica, sea el corazón quien escribe.
Que fluya la historia como si la misma historia la contara con su propia voz.
 
Es cuando la sensación se convierte en algo real, con unas coordenadas propias dentro del mapa de tu frustración y escribes la primera palabra con temor, de puntillas, por miedo a detrás de esa primera palabra, ya no siga ninguna y que la historia que bulle bajo tu piel, entre las esquinas de tu imaginación, en los recovecos de tu memoria… no pueda ser contada.
 
Entonces… cierras los ojos, respiras hondo, desconectas de tu entorno y como una marea que sube y amenaza con ahogarte, las palabras se van enredando entre ellas, con ellas, por ellas y la historia que sólo tenía forma dentro de ti, se materializa.
 
Y la página en blanco… deja de ser tu enemiga.

La emoción…

… ¿cómo definirla?
 
Una sensación suave que sube por tu garganta y parece que te ahoga,
 
El golpeteo del corazón que con vida propia quiere volar,
Foto de Internet
 
  El calor de unas manos que oprimen  tu espalda y te aprisionan contra un cuerpo querido e imposible,
 
  Los abrazos que te rodean con el calor de los amigos que hacen que seas como eres,
 
  La lágrima que acecha, vence y resbala por tu mejilla,
 
El sentimiento de pertenecer a un lugar, a un amor y a unas gentes…
 
Es lunes para recordar… para sentirse agradecida por el sol, por la familia, por los amigos que el universo ha querido concederme.
 
Lunes… feliz.

Tu voz…

Se convierte en letras y toma matices cercanos aunque estés lejos…
 
Me has hablado de engaño, de encuentros, de vino, de decisiones y de volver a empezar.
 
Hemos barajado el pasado, el presente y mirado con cautela el futuro.
 
Y he cortado un retazo de mi experiencia para hacerla a medida de la tuya.
 
Te he oído  y tu voz me ha parecido segura en esta mañana de abril mientras empiezan a salir las hojas de los sicomoros.
 
 

El viento…


                                                
Y el viento entró ágil, como un jugador en un campo que se encuentra suspendido en el aire.

Volaron los sombreros desarbolando cabezas. Perdieron las flores sus macetas. Las faldas se levantaron con un guiño cómplice y giraron los molinos.
Las palabras vacías se confundieron con las ideas y las ideas cedieron ante la fuerza de los deseos.
Lo vimos, pero un extraño pudor ante la verdad nos cegaba.
Quizá después de él…
Habían prometido su visita y él se vistió de lunes para llegar hasta nosotros.